Una vez soñé que estaba narrando cuentos y sentí que alguien me palmeaba el pie para darme ánimos. Bajé los ojos y vi que estaba de pie sobre los hombros de una anciana que me sujetaba por los tobillos y, con la cabeza levantada hacia mí, me miraba sonriendo.
—No, no —le dije—, súbete tú a mis hombros, pues eres vieja y yo soy joven.
—No, no —contestó ella—, así tiene que ser.
Mujeres que corren con lobos
Clarissa Pinkola Estés
La posmodernidad y la era digital ha provocado una ruptura en los hilos narrativos intergeneracionales a través de los cuales se transmitían, no solo las enseñanzas y experiencias de nuestros antepasados, sino el propio relato de nuestros orígenes.
En el caso de los hombres, la enorme profusión de referentes en todos los ámbitos, ha permitido que las nuevas generaciones encuentren fuera de la propia comunidad narrativa elementos suficientes para construir un relato, aunque este estuviera mediado por los valores de la masculinidad normativa: cultura de la guerra, ambición, corporativismo hombrista y justificación biológica/divina de sus privilegios.
Sin embargo, en el caso de las mujeres, su desconexión con los relatos de sus antepasadas ha tenido consecuencias muy dolorosas para aquellas generaciones que, desvinculadas de sus raíces por el éxodo a las grandes ciudades, por la precariedad laboral, por el aislamiento al que aboca el desarrollismo neoliberal de finales del siglo XX, se han visto obligadas a construir su identidad apoyándose eventualmente en los únicos referentes disponibles, en su inmensa mayoría masculinos.
Pero, como reza el proverbio chino, crisis es oportunidad, y el empuje de la cuarta ola del feminismo estableció como uno de los rumbos prioritarios regresar la mirada hacia las ancestras, recuperar y volver a enhebrar los hilos narrativos intergeneracionales entre nietas, hijas, madres y abuelas, para construir juntas un nuevo universo de referentes propios y no tener así que seguir habitando identidades mediadas por la masculinidad.
Caminar hacia un futuro en el que la mujer fuera siempre acompañada de todas las mujeres que la precedieron, nunca más sola, nunca más una mujer aislada en un mundo de hombres.
«Ancestras» nace del afán de colectivizar la sabiduría de nuestras antepasadas, de recopilar y salvaguardar sus relatos para ponerlos al servicio de las generaciones venideras: mujeres y hombres, hijas e hijos; y que, de ese modo, puedan conocer de dónde vienen y ejercer con libertad su derecho a construir sus identidades, tomando como referentes también a sus ancestras, sobre cuyos hombros, como soñó Clarissa Pinkola Estés, descansan nuestros pies y nuestros relatos.