Francisca
del Solar Margullón

Fecha de nacimiento

14/08/1941

Lugar de nacimiento:

La Codosera
(Badajoz)

Lugar de residencia:

San Vicente de Alcántara
(Badajoz)

Cada rincón de su casa es un escenario ideal para conversar, decorado con un gusto exquisito: madera y barro, plantas y flores, y una luz suave y limpia que se vierte sobre el sillón que elegimos, al fondo de un pasillo de baldosa pulida. La piel tersa y rosada de Paca refulge bajo los rayos del sol otoñal. De fondo, el murmullo de la máquina de oxígeno de Ángel, nueve años mayor que ella, nos apremia a llenar el silencio de palabras. Le pregunto cómo se conocieron. Mi hermana tonteaba con él. Mi hermana tonteaba mucho con los muchachos, porque era muy guapa, yo era más fea. Y hablé con ella. ¿A ti Ángel te gusta de verdad? Y ella se empezó a reír y dijo que ya sabía yo que no. Pues entonces déjale en paz, porque voy a ir a por él. Y fui.

Sus recuerdos más felices pertenecen a la época de novios. Yo hasta le afeitaba. Después, con las niñas, ya no había tiempo para eso. Nuestra boda fue un desastre, porque no cabían los invitados en el salón, pero el viaje fue precioso.

¿Y antes? ¿Cuál es el primer recuerdo feliz que tiene? Nacida en La Codosera, pasó en Cáceres sus primeros tres años de vida. Recuerdo un borreguito que nos mandó mi abuelo a Cáceres por las Pascuas, y que yo llevaba cogido por una soga a pastar a la dehesa boyal. La tercera de ocho hermanos, Paca era muy buena con las matemáticas, y al terminar el colegio, ya en San Vicente de Alcántara, su padre le ofreció trabajo en su negocio de exportación de huevos, aves y productos de caza. Yo pensaba estudiar una carrera de comercio, pero preferí trabajar con él, y luego me arrepentí, pero ya no hubo remedio. Hacía de cabeza las operaciones que otros debían hacer sobre papel, y más rápido. Íbamos a Portugal con mi primo, que era maestro, y había que cambiar de pesetas a escudos, y mientras él echaba la cuenta yo le decía de cabeza lo que teníamos que pagar, y él

me decía, ¿pero cómo? Y ella contestaba: Si es que no sé cómo lo hago. Me viene el flash. Una mente desaprovechada, la mía.

La luz crepita sobre sus ojos azules cuando le pregunto por el momento más duro que vivió. Se me murió un niño, con un mes, el día de su bautizo. Fue ahí cuando decidieron irse a Badajoz, tal vez acuciados por la necesidad de una mejor atención médica. También para que las niñas pudieran estudiar una carrera. Ella quería volver a trabajar, algo estable y seguro, así que se matriculó en el Bachiller nocturno con casi cincuenta años. Su objetivo era trabajar como administrativa en el Clínico. Pero aprobaba el primero, y después suspendía con la máquina de escribir. Todos iban con sus máquinas eléctricas, y yo lo hacía con la que me dejaban allí, y no había manera. Así que dije: ¿Qué es lo que no me gusta? Limpiar váteres ¿Y qué me gusta? Cocinar. Así que me preparé para pinche y ahí estuve hasta que me jubilé.

No comprende a la gente que trabaja a disgusto y la paga con los demás. No puedes estar de mala leche, porque no haces el trabajo bien. Si tienes un trabajo, cúmplelo. Y si no, cambia de trabajo.

Un día, su hija la apuntó a unas clases de pintura. Yo no sabía cómo iba a pintar, si yo el dibujo siempre lo había suspendido y tenía que copiar las cosas. Y ahora tengo aquí mi rinconcito, dice señalando su cuarto. Le digo que hagamos ahí mismo la foto. Paca se sienta junto a su caballete, formando un claroscuro con trazas de Caravaggio, pero mucho más florido y luminoso, y mira hacia la ventana. A ver si me sacas con 18 años, dice con el buen humor que es para ella la única manera de estar en el mundo.