Joaquina
Medina Sánchez
Fecha de nacimiento
29/05/1929
Lugar de nacimiento:
Puebla de Sáncho Pérez
(Badajoz)
Lugar de residencia:
Puebla de Sáncho Pérez
(Badajoz)
La aldaba de la puerta principal suena como un trueno en medio del aguacero. Joaquina, que lleva desde el amanecer preparando el desayuno para los músicos que se hospedan en su fonda, abre la puerta limpiándose en un trapo la harina de los prestiños que, embebidos de canela y aguardiente, estaba por echar al aceite. En el umbral, un peregrino calado hasta los huesos la mira con ojos de galgo abandonado. ¿Dónde ha estao esta noche?, le pregunta ella. «Debajo del cielo», contesta él.
Yo tuve antojo de un pantalón de pana, y lo tenía sin estrenar, que me lo compró mi Gema, y se lo di, me dice como si no hubiera podido evitarlo. Eso hacía con toa la gente, incluso antes de tener la fonda. Joaquina ha vivido muchas vidas: He tenío más alternativas que Manolete. Su madre se casó en segundas nupcias con un propietario de tierras. El matrimonio se estableció en la casa de sus padres y allí tuvo a su primera hija, asistida por un médico, lo que era un indicador de su posición. Pero luego, mi marido y mi padre tuvieron un disgusto mu gordo, y nos tuvimos que ir a una casa en la carretera de Medina. Y lo pasé mu mal. Acostumbrada a mucho, me quedé con mu poco. Su padre no tardaría en morir, no sé yo si del disgusto, y eso le generaría un sentimiento de culpa que aún la acompaña. En la casa de la carretera de Medina nacería su segunda hija, ayudada por las vecinas y por una comadrona a la que apodaban «¿Tienes, tienes?», por la pregunta que siempre hacía cuando alguien reclamaba sus servicios. Estuve ahorrando todo el embarazo, una peseta al día. Y cuando nació, se la llevé a mi madre. Le dije: Aquí está su nieta, que yo no quiero cargar con esta cruz que me tiene de no haber venido a mi parto. Al poco, por ayudarme, nos fuimos todos a su casa.
Joaquina se tragó las penas y las culpas y empezó a explotar la casa familiar como fonda. Aquí pasaban la consulta los médicos que venían al pueblo, se quedaban los feriantes. Y gané muchas perrillas. Trabajé mucho. También monté una dulcería. Mis perrunillas abizcochás se las llevaban a Madrid. Mi marido sembraba altramuces y pipas y yo las tostaba. Mis hijas no tuvieron que servirle a nadie, na más que a su madre.
Pero la pregunta de si tiene alguna espinita clavada, si volvería a irse de su casa, activa algún resorte. No sé, responde con una gravedad antigua y profunda, porque yo me casé por amor, ¿sabes? Yo quise mucho a mi marío. Era mu soberbio. Se tomaba dos copas de vino y se iba volao. Pero yo le quise mucho. No conocí más hombre que él.
¿Y el momento más bonito que recuerda? Mi boda, dice mientras se le ilumina la mirada. Iba mu guapa. Yo me casé con chaqueta de piqué y pamela. Vinieron unos músicos de Valencia del Ventoso y fuimos tocando hasta Belén. En la foto que cuelga de una pared del salón se ve a una Joaquina moderna y radiante.
¿Y si volviera a tener 20 años, qué haría? Vivir bien, dice, y dejar lo pasao atrás. Pero eso no puede ser, ¿entiendes? De todos modos, a mí me parece que te cansas de la vida y yo ya no la viviría otra vez. Hace una pausa, y vuelve a sonreír. ¿Yo estoy durando muchos años, verdad? Ahora con este caló no quiero morirme. Se lo digo al Señor todos los días. Espérate a diciembre, le digo, que haga fresquito ahí dentro.
Y la pena por no haberse puesto en paz con su padre antes de morir vuelve a aparecer. Y que me entierren con mis padres, no con mi marido, y que pongan en la lápida: vuestra hija Joaquina.