Leonor
Romero Pajuelo

Fecha de nacimiento

27/09/1920

Lugar de nacimiento:

Campanario
(Badajoz)

Lugar de residencia:

Campanario
(Badajoz)

Es el primer domingo de diciembre, y la familia de Leonor forma un círculo alrededor de ella en el corral de las bestias: hijos e hijas, hermanos y cuñados, todos han venido a celebrar la matanza, de la que habrá que comer un año entero.

El día anterior han preparado los ajos y las especias, cocido y triturado las patatas, picado la cebolla y metido en agua las tripas, todo bajo las órdenes de Leonor. Tal es su arte que desde otras casas la reclaman para dirigir sus matanzas. Tiene conocimiento y don de mando. Llega el matachín, que es un primo lejano, y se abre la primera botella de aguardiente. Después se le hacen los primeros cortes al cerdo, y la sangre cae a chorros y se recoge en una artesa. Un niño que le había cogido cariño se tapa los oídos para no oírle gritar. Primero se sacan las carrilleras y se vacía la tripa, de la que rápidamente se hace cargo Leonor. Hay que darle la vuelta para lavarla, y es una operación que requiere destreza. Los hombres chorrascan el guarro con pastos. Entró lechón en julio y a estas alturas es un buen berraco alimentado de bellotas y harina de cebada. Leonor decide qué parte va para chorizo del bueno, cuál para patatero, morcilla de lustre y  de sangre. Vigila el guiso. Mete las manos en la artesa donde está la carne picada y amasa. Se chupa un dedo: Falta pimienta, sentencia, y las mujeres obedecen al punto. Después hará perrunillas y chicharrones con la manteca del cerdo.

Luchadora incansable, conoce todos los oficios. No se arredra en la siega —«Segaba más habas que yo», dice Enrique, su hijo, «y era yo ya mocito»—, ni a la hora de trillar la era con las bestias, ni a la de varear los olivos. «Cogía más que los hermanos», completa Agustina, la hija, «y nunca la escuché quejarse. Si todavía me dice deja que me vista yo». Vivían del trabajo de su padre como administrador de las tierras de un

marqués, y eso le significó cuando Campanario fue tomado por los republicanos. El 31 de octubre de 1936 llamaron a su casa dos militares. Leonor tenía 16 años. «Enrique, asómate, que te vamos a hacer unas preguntas. Salió de la casa y no volvieron a verle más. Y eso a ella la marcó», cuenta Enrique. Leonor sale por un momento del aislamiento que le produce su sordera y su voz es un lamento cargado de rabia: Mi padre Enrique, lo mataron los malos, los malos. Porque estaba en casa de un señor le mataron. Después el ejército republicano confiscó los bienes de la familia y tuvieron que refugiarse en casa de unas amistades. «No ha sio mujer de contarnos su vida o sus historias», dice su hija. «Lo que sabemos, lo sabemos por mi padre, que sí nos contaba». Se casó a los 26 años y enviudó a los 79. Parió tres hijos y una hija en su cama con ayuda de una comadrona.  Yo iba a parir como quien iba a mear. Me hartaba de garbanzos la noche antes y salíais a la mañana, le decía Leonor a su hija.

Devota de la Virgen de Piedraescrita, sus ojos refulgen cuando le pido que me cante algo. Viva la virgen de Piedraescrita, que en nuestro pecho tiene su altar, y con tu ayuda perpetua siempre, derrotaremos a Satanás.

«¡Dile que te cante la de Campanario hermoso!», dice alguien en el salón, que se ha ido llenando a lo largo de la mañana. Leonor recoge la petición al vuelo. Tiene Campanario hermoso, lo que no tiene Madrid. La Virgen de Piedraescrita, arriba en su camarín. Arriba en su camarín, está la Virgen morena, la que ha sido coronada por Reina de la Serena.