Teodora
Collado Carrasco

Fecha de nacimiento

17/09/1943

Lugar de nacimiento:

Alburquerque
(Badajoz)

Lugar de residuales:

Alburquerque
(Badajoz)

Huérfana de padre desde los cuatro años, criada en la finca La Reina, a 3 kilómetros de Alburquerque, ha venido a la entrevista con el bolso lleno de poemas que ella llama «versitos». Este es el que más se parece a como yo veo la vida: Era un día lleno / de grandes ilusiones / Yo estaba alegre / Quería gozar / llena de alegría / por varias razones / que llegan pronto / y luego se van. Sin embargo, el camino hasta aquí no fue fácil.

Cuando tenía seis o siete años, yo lo que quería era aprender a leer y escribir, pero a mí no me traían al colegio, porque, claro, la niña… Y mi hermano, que sabía bien, no tenía mucha ilusión de enseñar. Decía que las mujeres no tenían que saber cómo es la vida.

Pero ella insistió e insistió, y me compraron una Cartilla Primera y un Raya Segunda, que fueron todos mis libros para aprender a conocer las letras.

Y así creció alternando la lectura y las diversiones propias de su edad, sin descuidar sus responsabilidades. Yo volvía a las tres de la mañana del baile, y, cuando llegaba, mi madre me mandaba a lavar la ropa a la alberca, sin dormir. Y me iba allí a la sombrita de una parra, y ya después me echaba una siesta. Y cuando veo a los jóvenes ahora que salen y después no se levantan ni a comer…

La felicidad para Teodora es evocar esa juventud sin prisas, sin pensar en el futuro, sin ambiciones. Yo siempre digo que este no es mi mundo. Entonces no teníamos nada. Salíamos con una peseta para comprar pipas o para ir al cine. Para ella, una sociedad feliz es una sociedad que canta. Delante de mi finca había un caminito, y por allí pasaba la gente con los burros y los carros, y todo el mundo pasaba cantando. Digo yo que serían felices si iban cantando. Ahora no se escucha a nadie cantar. Ese pequeño mundo perfecto de naturaleza, lecturas furtivas y música

se puso patas arriba el día que entró en casa el primer radiotransistor. Ese fue el descubrimiento del mundo para mí, porque yo no había salido nunca a ningún sitio, nadie me daba explicaciones. Se aficionó al programa Música Mientras Trabajas, conducido por Julián Mohedano y María José Soto. Contaban los oficios, con humor, y se reían, y yo mandaba mis versitos diciendo lo que hacía mi hermano, lo que hacía mi madre. De atesorar los papeles que encontraba en la basura para copiar las letras, a enviar poemas a la radio, ese es el viaje que hizo a lomos de la ilusión: Cantaba un jilguero / encima de una rama / el agua corría / mojando mis pies / En medio del estanque / cantaba una rana / y yo caminaba / campo a través.

Y aquella explosión de conocimientos se completó cuando descubrió una enciclopedia de su hermano. Aquello era lo más. Me la aprendí de cabo a rabo.

No se casó. No cuadraba aquella idea con su ideal de libertad. Yo lo que quería era divertirme. Tenía pretendientes, a veces mejores, a veces peores, pero no me casé. Después su madre empezó a quedarse ciega y se centró en su cuidado. Pero su mente viajaba libre de libro en libro y de verso en verso. La imaginación siempre ha sido la esencia de mi vida. Eso me decía el director de la revista Azagala, en la que estuve escribiendo 15 años, que mi imaginación nunca paraba. Con sesenta años se apuntó a un taller literario. Yo me estaba calladita, porque los que estaban sabían más que yo.

Así es como yo veo la vida, me dice, y desdobla uno de los versitos que trae en el bolso: 

Regresé a mi casa / ufana y serena / Volví a la rutina / vulgar del hogar / Terminó mi sueño / Seguí mi faena / hasta que otro día / vuelva a llegar.